Una anécdota muy conocida le ocurrió a un médico, que atendía a un paciente de 85 años, quien consultaba por un dolor en la rodilla derecha. El médico le dijo qué podría esperar a los 85 años, que era normal que a los 85 años le doliera la rodilla derecha. El paciente un poco enojado y decepcionado le dijo, que su rodilla izquierda también tenía 85 años y no le dolía.
Existen una serie de problemas muy frecuentes y comunes que se van a presentar en los adultos mayores y debido a su frecuencia muchas veces son confundidos como procesos normales propios del envejecimiento, con el cual debemos de cargar sin hacer nada, pues es “parte del envejecimiento”.
A estas situaciones frecuentes se les conoce como los Síndromes Geriátricos. Existen varios síndromes geriátricos como las caídas, la incontinencia urinaria, el inmovilismo, las demencias (los olvidos que se incrementan con el tiempo) que son muy frecuentes en el adulto mayor y que al ser frecuentes se les suele considerar como “algo normal”, tanto por la sociedad, el propio paciente confundido e incluso por algunos médicos (como el médico del caso anecdótico). Uno de los síndromes geriátricos muy frecuentes es el dolor.
El dolor es una sensación subjetiva y desagradable que experimenta la persona, producto de una agresión (injuria o daño) que podría ser mecánica, química, inflamatoria, etc. El dolor es una situación muy personal e individual, cada uno experimenta esa experiencia de manera particular, algunas personas tienen una mayor resistencia al dolor que otras, unos pueden tener el mismo dolor durante varias horas o días mientras que otra persona con ese mismo dolor ya se hubiera desmayado o chocado, pues se ha reportado casos de desmayos y choques (shock) por dolor.
Debemos de dejar claro que el dolor NO es una consecuencia normal del proceso del envejecimiento, incluso no es normal en ninguna etapa de la vida, el dolor responde a una agresión hacia el organismo y que éste nos lo comunica e interpreta con dolor, que es un mecanismo de defensa y huida para evitar esta situación.
Cuando un anciano te dice que le duele es porque le duele.
Debemos de prestar mucha atención a los síntomas y lo que nos manifiestan nuestros adultos mayores, muchas veces se les trata como a muchachos caprichosos que se quejan de todo y por todo mientras que la realidad es otra, o se les dice que “son los achaques propios de la vejez”.
Si un anciano refiere que le duele alguna parte de su cuerpo, esa información hay que tomarla muy en serio y creerle y nunca pensar que el dolor es parte normal del envejecimiento. Hay que averiguar e investigar la causa del dolor, es decir, el origen de ese dolor. Para esto se debe de aplicar la semiología del dolor, la ubicación, la irradiación, el tipo de dolor (ardor, retorcijón, punzada, quemazón, etc.), preguntar qué condiciones y situaciones aumentan el dolor: como el movilizarse, respirar, toser y cuales lo disminuyen como el reposo, o el movimiento.
EXISTEN VARIOS TIPOS DE DOLOR
Existen varias clasificaciones para determinar el tipo de dolor, algunos lo clasifican si es un dolor superficial o profundo. Otro tipo si es agudo (de pocas horas o días de evolución) o crónico de varios días, semanas y meses de evolución y finalmente de acuerdo a la estructura comprometida, si es la articulación (generalmente en las artritis y artrosis), en los nervios periféricos (dolor neuropático), o de alguna víscera hueca (generalmente los cólicos intestinales).
De tal manera que cuando un adulto mayor se queja de dolor, hay que definir de qué tipo de dolor se trata y definir su localización y características, ya que el tratamiento que va a recibir el enfermo es diferente de acuerdo al tipo del dolor.
Generalmente los dolores de tipo inflamatorio como la artrosis o la artritis suelen responder bien a los antiinflamatorios, los dolores neuropáticos, como las neuropatías diabéticas o post herpética (secuela de haber presentado herpes zoster) suelen responder bien a los antiepilépticos del tipo Gabapentina o Pregabalina y los dolores de víscera hueca, responden bien a los antiespasmódicos.
Cuando el dolor se hace crónico muchas veces el tratamiento farmacológico es muy complicado, pues los medicamentos no suelen responder como se espera y además algunos de ellos como los antinflamatorios administrados de manera crónica y en dosis elevadas, podrían ocasionar cuadros de gastritis, úlceras gástricas y hemorragias digestivas, etc.
Los medicamentos no son los únicos tratamientos disponibles
Para el tratamiento del dolor crónico y en especial si se trata de un adulto mayor, existen algunas alternativas con demostrada experiencia, entre ellas, las terapias farmacológicas y las terapias no farmacológicas. De las primeras ya se comentó, dentro de las segundas podemos contar con la fisioterapia (terapia física) y los agentes físicos como la parafina, el ultrasonido, electricidad y los ejercicios programados de acuerdo al tipo de dolor. La acupuntura en manos expertas y entrenadas ha manifestado buenos resultados, hay métodos de relajación y meditación.
No todos los medicamentos se aplican en tabletas o inyecciones, ahora los hay en parches, cremas, ungüentos, lociones y frotaciones. Dentro de la medicina tradicional peruana existen algunos emplastos de hojas de yantén, coca, muña etc.
MITOS CONTRA LA MORFINA Y DERIVADOS
La morfina es un analgésico conocido desde hace muchos años y deriva del opio, de ahí que se incluye en el grupo de medicamentos opiáceos y antiguamente fue usado para calmar el dolor, pero uno de sus efectos colaterales era que podía ocasionar dependencia, de ahí que es un fármaco al cual se le tiene muchos prejuicios y se tejen mitos e historias alrededor de él.
Si no hay respuesta positiva al tratamiento analgésico convencional, no debemos de dudar en administrar morfina a nuestro paciente, pues esta se puede administrar en gotas, tabletas, cremas, parches, ampollas e incluso supositorios, El tratamiento debe de ser de acuerdo a la respuesta de nuestro paciente, es decir comenzar con una dosis baja e ir aumentando en intensidad de acuerdo a los resultados evidenciados.
Está demostrado que más se le teme al dolor que a la propia muerte, el anciano está familiarizado con el tema de la muerte pues cuando éste llega a la etapa de adulto mayor para ese entonces, muchos de sus amigos y familiares contemporáneos ya han fallecido por lo que saben que a cierta edad el tema de la muerte va a ser cada vez más frecuente. Hay estudios que han demostrado que más temor se le tiene al dolor, al morir con dolor; se le tiene más miedo al dolor que al cáncer. Es un tema de derechos humanos, calidad de vida y de dignidad vivir y morir sin dolor. No permitamos que nuestros familiares y nuestros pacientes vivan con dolor. La ciencia y la medicina han progresado mucho como para dejar que nuestro paciente sufra por dolor
Atentamente
Dr. Carlos Sandoval Cáceres
Médico Geriatra
consultas@geriatrasandoval.com
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