La Hipoteca Inversa, una opción para acceder al crédito en un Adulto Mayor

La Hipoteca Inversa

Una opción para acceder al crédito en un Adulto Mayor 

Fabio es un ingeniero industrial de 75 años que trabajó para una empresa privada de Seguros de Vida, durante 35 años, llegando a ocupar importantes cargos en la empresa; al final de su carrera ocupó el cargo de gerente general.

Siempre estuvo bien remunerado y llevó una vida bastante holgada como para poder vivir bien, tener propiedades y educar a sus hijos en buenos colegios y universidades.

Conocía perfectamente el sistema bancario del país; para comprar su primer auto solicitó un préstamo bancario, luego para comprar su casa hizo lo mismo, pidió un crédito hipotecario, siempre uso tarjetas de crédito, cheques, etc. Solía viajar de vacaciones con sus hijos y acudía a los mejores restaurantes de la ciudad y solía pagarlos con su tarjeta de crédito, en unos doce meses. Siempre vivió bien y se dio la gran vida y de paso le dio una gran vida a su familia.

Cuando llegó la jubilación, la vida de Fabio cambió 180 grados, de haber tenido dinero en efectivo producto de sus buenos sueldos en la empresa, pasó a ser un jubilado del Estado, con un tope máximo de 800 soles mensuales, que no representaba ni la décima parte de lo que estuvo acostumbrado a ganar. Vivía con su mujer Lola, pues sus hijos ya se habían ido de la casa a formar sus propios hogares, pero los 800 soles con los que contaban o le alcanzaba para cubrir los gastos de alimentación y servicios púbicos.

Renunció a todos los lujos acostumbrado, renunció al club, a ir a comer a restaurantes caros e incluso a usar su auto para no gastar en gasolina.

Fabio por un tema de orgullo no les pedía dinero a sus hijos, pero no lo estaba pasando bien. Acudió al banco para solicitar un préstamo y a pesar de haber sido un excelente cliente se lo negaron, ya que al no tener un trabajo y ser jubilado con una pensión muy baja, no podía cómo garantizar el pago.

Otra opción era vender su casa y con ese dinero adquirir un departamento más pequeño y vivir con el saldo de compra del departamento, situación que Lola, su mujer se negó, pues decía que la casa también era propiedad de los hijos y que no era justo venderla.

El caso de don Fabio es muy común, es una realidad que la podemos ver de manera muy seguida, aquellas personas que mientras laboraban y eran productivamente económicos, con propiedades y una buena vida, que al jubilarse vieron complicada la vida, al no contar con los ingresos acostumbrados y mucho menos con dinero en efectivo.

Hace poco leí una nueva Ley, que lanzó el Congreso de la República del Perú, tomándolo como ejemplo exitoso ocurrido en otros países. “La hipoteca inversa”, la Ley 570/2016-CR que es una opción para que las personas mayores de 65 años que tengan alguna propiedad puedan solicitar un préstamo al banco. Consiste en que el banco le entregaría un préstamo en partes fraccionadas por meses durante unos 10 a 20 años, más o menos en promedio, con el aval de una propiedad, que generalmente es la casa, poniendo en valor su vivienda y recibir un crédito por el inmueble (el monto dependerá de la tasación que se realice de la vivienda), y que recién cuando muera la persona, los hijos pueden pagar el préstamo solicitado por el padre dueño del inmueble o podrían entregan al banco la casa hipotecada.

Por ejemplo, una casa valorizada en 300,000 dólares, generaría un pago mensual al dueño de la misma, de unos 1000 dólares (3200 soles) por 20 años. O sea si la persona jubilada de 65 años hace esta gestión podría recibir mil dólares mensuales por 20 años o sea hasta los 85.

La norma también dice que los hijos pueden pagar la deuda del padre o entregar la casa. Si el precio de la casa es mayor que la deuda, el banco le entregaría la diferencia y si se presenta lo opuesto, es decir, si la deuda es más grande que el inmueble, los hijos o el aval tendrían que pagar la diferencia.

Es un tema muy controversial, no sé si estaremos preparados como país para este sistema. Lo cierto es que los bancos nunca pierden y sabrán elegir a sus clientes para darles u otórgales este crédito. Espero que los bancos sean justos al valorar el precio del inmueble del adulto mayor, que será su bien material más preciado producto del esfuerzo de toda una vida.

Si esto suena tal como lo pintan, a mí me parece una buena opción para que un Adulto Mayor tenga una vida digna gozando de un dinero justo y poder darse en su vejez de vez en cuando un lujo como darse un viaje o salir a cenar con su familia un día cualquiera. Sabemos que con el sueldo actual de un jubilado es imposible vivir bien y dignamente, 800 soles (muchos reciben incluso menos), no les alcanza para cubrir la canasta familiar y menos cubrir con los servicios públicos e impuestos prediales.

Hay adultos mayores que no tienen hijos que los apoyen, es más, hay hijos que a pesar de ser mayores y hasta con hijos continúan viviendo de los padres, por lo que los 800 soles menos les alcanzaran.

Se debe de analizar cada caso de manera individual, hay hijos buenos e hijos abusivos que ya están usando la casa de sus padres incluso en las mejores habitaciones, y aun no se han muerto los padres y ya los tienen desplazados al cuarto de al fondo, en cuartitos habilitados en el patio, en las azoteas con las gallinas, etc. Es importante determinar el nivel cognitivo del adulto mayor, si pueden tomar decisiones como lo necesita el acceder a este beneficio, pues pueden ser víctima de aquellos que quieren tener acceso a dinero fácil.

Veamos cómo nos va con esta Nueva Ley, la cual estará funcionando dentro de unos seis meses, la idea siempre es que el beneficiario sea nuestro Adulto Mayor.

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De setenta a setenta y cinco años Se modifico la Ley Universitaria

De setenta a setenta y cinco años, a propósito de la modificación de la Ley Universitaria que jubilaba a los maestros universitarios a los setenta años, hoy podemos gozar de su sabiduría unos años mas.

El Dr. Pedro era un médico muy prestigioso, que ocupó diferentes cargos en su vida profesional, llegó a ser el Jefe del Servicio en el hospital donde trabajó, luego ocupó el cargo de director del mismo hospital y posteriormente llegó a ser el Decano del Colegio Médico del Perú. Fue un médico respetado y admirado por todos, por compañeros de trabajo, colegas, enfermeras y todo el equipo de salud, pacientes y sus familiares. Si bien es cierto desempeñó con ganas y esmero su profesión con sus pacientes su pasión y lo que más le gustaba era la docencia universitaria. Nunca faltaba a clases, tanto las teóricas como las de prácticas. Nos llamaba a todos sus alumnos por su nombre y nos daba consejos no solo de medicina sino de la vida misma.

Recuerdo que en la cúspide de su carrera y siendo Decano del Colegio Médico del Perú nunca dejó de ir al hospital para cumplir con sus clases prácticas de medicina, a pesar del importante cargo que desempeñaba, nunca pidió licencia y cumplió a cabalidad todas sus clases programadas.

Don Pedro como todos lo llamábamos con gran respeto, cuando cumplió los setenta años, se jubiló tanto del hospital como de la universidad. Desde ese día comenzó su verdadero envejecimiento, don Pedro perdió el apetito, entró en una gran depresión y bajó de peso y su estado general se vino en detrimento, su personalidad en general comenzó a decaer.

Tuve la suerte de haber estudiado medicina en la mejor universidad del país, en la que no pagué un solo sol y recibí una educación de primera y tuve el honor de haber sido alumno de grandes maestros, muchos de ellos pasaban los sesenta y setenta años, Maestros y Hombres de primera línea dignos de admiración que enseñaban no solo lo que está en los libros sino que enseñaban lo más importante que puede esperar un alumno, lo que no se encuentra en los libros, que es la experiencia.

Siempre he comentado que el envejecimiento es un proceso heterogéneo y que no todas las personas envejecen de la misma manera, algunos llegan a los setenta años de manera independientes con alguna enfermedad crónica recibiendo sus medicinas y controlando sus molestia de manera regular (envejecimiento usual), otros llegan a los setenta en pésimas condiciones funcionales, llegan amputados, ciegos, en diálisis etc, (envejecimiento patológico) y otras personas llegan a los setenta años en excelentes condiciones físicas y mentales, llegan independientes, conduciendo autos, despertándose a las 6 am y acostándose muy tarde, trabajando todo el día en diferentes lugares y atendiendo a su hogar (el envejecimiento exitoso)

Entonces si una persona llega en buenas condiciones físicas y mentales y sobre todo con ganas de continuar trabajando, en especial enseñando en la universidad por qué y cuál es la razón de discriminarlo por la edad.

Luego de una presión realizada a todo nivel, tanto en las aulas universitarias, gracias a los medios en donde se exigía una modificación de la Ley Universitaria que automáticamente separaba de sus aulas a las personas que cumplían los setenta años, el 23 de noviembre del año pasado se modificó el artículo 84 de la Ley 30220, Ley Universitaria, en donde se amplía la edad máxima para poder ejercer la docencia universitaria a setenta y cinco años.

Me parece un hecho de justicia, muchas personas adultas mayores desean continuar enseñando en la universidad y compartiendo sus conocimientos y sus experiencias. Grandes maestros nos manifestaban que el acto de enseñar los mantenían activos como personas sino que además les permitían continuar aprendiendo día a día de manera constante, tanto de los últimos conocimientos como también de sus alumnos pues la enseñanza siempre ha sido bidireccional.

Hoy en día se cuentan con tecnologías impensables hace algunos años, como los teléfonos celulares inteligentes en donde desde cualquier lugar uno puede entrar a los buscadores tanto los generales como el Google o buscadores más especializados y nos permiten obtener la última y más actualizada información. Ya pasó la época de cargar los grandes tratados de medicina, que eran libros enciclopédicos muy grandes, hoy en una memoria USB podemos tener 100 tratados (libros) juntos.

En el caso de la medicina a pesar de los nuevos conocimientos y las nuevas tecnologías, a pesar de contar con nuevas y modernas herramientas, la medicina nunca dejará de ser una profesión humanística en donde el médico trabaja con un ser humano doliente, con familiares dolientes, que sufren y se preocupan por sus enfermos. Trabajamos con seres humanos que sufren la enfermedad de ellos y la de sus seres queridos. Y ninguna tecnología podrá enseñar esos grandes conocimientos que nos enseñaron y dejaron con su ejemplo nuestros maestros.

Desde esta columna quiero brindar y manifestar mi homenaje y reconocimiento a mis maestros Sanmarquinos muchos de ellos fueron adultos mayores comprometidos con una causa común, que es la salud del pueblo, a todos ellos muchas gracias queridos maestros.