Eliza de 94 años, acaba de salir de la clínica por un cuadro de neumonía, está
totalmente lúcida, es parcialmente dependiente para realizar las actividades de la
vida diaria. Lo primero que hizo al llegar a su casa fue llamar a sus hijos y que les
prometieran que si volvía a enfermarse ya no la llevaran al hospital y que todo el
tratamiento lo reciba en su casa. Si tenía que morir que fuera en su casa.
Desde tiempos inmemoriales las personas siempre han fallecido en sus domicilios,
recientemente en los últimos 50 años, algunos lo están haciendo en el hospital.
Si el hospital no puede brindar un beneficio mejor que el que se pueda recibir en
casa, es mejor fallecer en su casa rodeado de sus seres queridos y sobretodo en
paz.
Eliza volvió a enfermar, llamaron al sacerdote para que le hiciera el Sacramento de
la unción y luego falleció en su casa rodeada de sus hijos y nietos pero sobre todo
con una sonrisa que manifestaba paz interior.

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